martes, 10 de enero de 2012

LA LEY DEL TALIÓN

Deut 20:17. La ley del talión.
"No tendrás compasión: vida por vida, ojo por ojo, diente por diente, mano por mano, pie por pie."

Aunque la ley del talión aparece en este pasaje del libro del Deuteronomio, ya se hace referencia en el libro del Éxodo (21:23) en el capítulo sobre el Código de la Alianza y las leyes sobre la vida y la libertad.

"Si se sigue un daño, lo pagarás: vida por vida, ojo por ojo, diente por diente, mano por mano, pie por pie, quemadura por quemadura, herida por herida, golpe por golpe."

Y también en el Levítico 24:20:

"Fractura por fractura, ojo por ojo y diente por diente, es decir, recibirá lo mismo que él ha hecho al prójimo".

Por su lado, Jesús en el evangelio, menciona a la ley del talión aunque recomendando no ponerla en práctica, una prueba de que Jesús no es el mismo personaje Yavé:

"Sabéis que se dijo: ojo por ojo y diente por diente. Pero yo os digo que no hagáis frente al que os ataca. Al contrario, al que te abofetee en una mejilla preséntale también la otra." (Mt 5:38).

El término "talión" deriva de la palabra latina "talis" o "tale" que en castellano decimos como "tal" (de "idéntico") de modo que la ley del talión se refiere a recibir una pena idéntica (una pena TAL) a un daño cometido. Es una recreación humana de la ley compensatoria del karma, una ley natural de la que el hombre deudor no puede escapar, y es deudor en tanto que es inconsciente de la ley del karma o no cree en su teórica justicia perfecta y por ello ejerce la ley del talión, cobrando karma. La ley del talión también es ejercida por "la autoridad", pues en el fondo son personas (que trabajan en ello ganando su sueldo necesario). La diferencia fundamental es que la ley del karma actúa soterradamente al nivel del consciencia humana, y de ahí que el lamento (por incomprensión de las desgracias consideradas casuales o mala suerte) sea tan frecuente, y que la rabia y el deseo de resarcimiento dé pie al ejercicio de la ley del talión ejercida conscientemente por las personas, a voluntad, sea por mano propia o de una persona autorizada y "legalizada" (por uno mismo o por el poder), una "autoridad jurídica", un profesional, aunque éste también es una persona que se toma la justicia por su mano, una justicia "legalizada" por el poder político y religioso, y aceptada generalmente por cada persona de la sociedad. Debido a la rabia y urgencia por resarcirse, las personas no dejan sus asuntos a la dinámica de la ley del karma, lo cual se suele decir, con resignación, como "dejarlo en manos de Dios" (aquí "Dios" es figurativamente hablando "el Señor del Karma", es decir la propia dinámica karmática infalible), como si esta posibilidad fuera la última y menos fiable después de haber agotado todos los demás recursos de la "justicia" social del estado o de la iglesia. Es cuestión de práctica comprobar si tal ley del karma resarce justamente o no. No es cuestión de "derecho", y de hecho precisamente no es un derecho que aparezca en las listas organizadas de Derechos Humanos ni en las Constituciones de los Estados. Uno de ellos y fundamental sí es el "derecho a ser defendido por la justicia" (y acusado también), y hasta los profesionales, como personas que son, ejercen "la justicia por su mano", ley del talión que genera karma y por eso mantiene el saldo karmático de la conciencia. La ley del karma, por su propia naturaleza tiende a 0, mientras que, por ignorancia, la humanidad mantiene un saldo karmático al ejercer la ley del talión, generando deuda karmática. También tenemos saldos bancarios que lógicamente no podemos dejar a 0 mientras tenemos deudas económicas que pagar cada mes. Y ¿a quién? A otros deudores... Al final, ejerciendo la ley del talión, la humanidad es un solo ser... debiéndose y pagándose a sí mismo, por tomarse la justicia por mano propia. Una cuestión de orgullo... hasta la muerte.

martes, 27 de diciembre de 2011

EL ÁRBOL DE LA VIDA

Génesis 2:9
"Yavé hizo germinar del suelo toda clase de árboles agradables a la vista y apetitosos para comer, el árbol de la vida, en medio del jardín, y el árbol de la ciencia del bien y del mal".

Génesis 2:16-17:
"El Señor Dios/Yavé/Jehová dio al hombre este mandamiento: 'Puedes comer de todos los árboles del jardín; pero del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás, porque el día en que comas, ciertamente morirás.'."

En este pasaje DYJ (Dios, Yavé, Jehová) manda al hombre que no coma del árbol de la ciencia del bien y del mal, y le permite comer del resto, entre los cuales está el árbol de la vida, en medio del jardín (Gén 2:9). Lógicamente el fruto del árbol de la vida no causa la muerte. DYJ le dice al hombre que morirá el día en que coma del árbol de la ciencia del bien y del mal, de modo que éste es el árbol de la muerte.

En la fábula del Edén, "la muerte" del hombre, ocurrida tras comer del fruto del árbol de la ciencia del bien y del mal (el árbol de la muerte), se representa en 3:7 como la vergüenza y miedo que sienten la mujer y el hombre al darse cuenta de estar desnudos. Entonces DJY maldice a su propia creación: a la serpiente (creado por el propio DJY como el más astuto de todos los animales del campo, Gén 3:1), a la mujer y al hombre, les da unas túnicas de piel y los viste, y luego (en Gén 3:22) expresa su temor de que el hombre pueda tomar del árbol de la vida y coma de él y viva para siempre. Por eso guarda el camino del árbol de la vida con los querubines y la llama de espada flameante después de expulsar al hombre (Gén 3:23).

(El autor o autora de la fábula no menciona que el fruto sea una manzana -o que el árbol sea un manzano- sino que es el fruto es la ciencia del BIEN y del MAL, conceptos MORALES, de modo que podemos interpretarlo alegóricamente como un MORAL, y su fruto tiene un veneno que lleva a la muerte, es decir, a la división de los polos del "in"divi-duo en la dualidad del divi-duo que percibe la realidad a través del filtro moral "bueno y malo" y así a sus propios polos insociables, y a sí mismo separado de los demás aunque buscando alianzas en la sociedad y encontrando también en ella conflicto, reflejo del propio).

Dado que DJY no había prohibido al hombre comer del árbol de la vida, si el hombre hubiera decidido comer del árbol de la vida antes de ser expulsado habría recobrado la vida, pero el miedo (la muerte) adquirido tras comer del fruto y de su veneno (y "morir") es lo que le hace olvidar (inconsciencia de Ser) la existencia del árbol de la vida (de Ser) y de que no es el árbol prohibido, aunque DJY toma precauciones colocando a un querubín guardando el camino del árbol de la vida. Este "querubín" es interpretable como el Can Cerbero guardián de las puertas o el Orco (orcullo, orgullo) de la mitología romana, el Anticristo de la teología cristiana.

(El concepto "querubín" del lenguaje cristiano procede del término Kerub -término asirio, acadio y babilónico- que significa "genio alado" con cuerpo de toro y cabeza humana que hace la función de guardián de las puertas protegiéndola de los malos espíritus (apotropaico), como el de las puertas del templo de Ishtar de Babilonia conservadas en el Museo de Pérgamo de Berlín. La cultura persa también incorpora "Kerubes", como en las ruinas de Persépolis en Irán. El concepto pasa al mito hebreo de la creación (biblia hebrea, Gén 3:24) por la influencia de la cultura persa durante el cautiverio de los hebreos en Babilonia. Luego fue asimilado por la teología cristiana para designar a la segunda categoría de ángeles después de los serafines e incorporado como "querubín" en la versión latina de la biblia hebrea (Gén 3:24: "Expulsó al hombre y puso delante del jardín de Edén los querubines..."). Más tarde derivó a ser representado como el típico angelito alado, que en su versión romántica fue el típico cupido con arco y flechas, llamado Putti (=muchachos), aunque llamado "angelote" por el cristianismo. Así, una basta figura con cuerpo de toro, cabeza humana y con alas -una bestia- llamada Kerub" terminó siendo representada por la imaginería cristiana como un "hermoso ser" -una bella-, pues se emplea el término "querubín" para denominar a un niño de gran hermosura. El colmo es que a ese niño sus padres le pongan por nombre Serafín).

miércoles, 14 de diciembre de 2011

DIFERENCIAS ENTRE DIOS/JEHOVÁ/YAVÉ Y JESÚS

"Perseguiréis a vuestros enemigos y estos caerán a espada ante vosotros" (Dios/Yavé/Jehová, Lev 26:7)

"Amad a vuestros enemigos y orad por los que os persiguen para que seáis hijos de vuestro Padre celestial" (Jesús, Mt 5:44)

sábado, 7 de mayo de 2011

Lavarse las manos antes de comer. costumbre de los fariseos

Más allá de cuestiones morales e inmorales, legales o ilegales, lavarse las manos antes de comer (o en cualquier momento), es un impulso natural propio del aseo, como puede hacer cualquier animal salvaje.
Ya dentro de la esfera limitada de la legalidad y de la escrupulosidad religiosa, lavarse las manos antes de comer es una costumbre de los fariseos, costumbre heredada por la cultura cristiana católica. Cuenta Mateo (capítulo 15) que unos fariseos y maestros de la ley le preguntaron a Jesús por qué sus discípulos no se lavaban las manos para comer pues no haciéndolo quebrantaban las tradiciones de los ancianos. Jesús les responde que ellos mismos (los fariseos y maestros de la ley), por cumplir sus tradiciones quebrantaban el mandato de Dios, de modo que Jesús debía querer decir que "su Padre" (al que se refereía como "Dios" al hablar con los fariseos) no mandaba lavarse las manos antes de comer, o no prohibía no lavárselas antes de comer. Y les dice que lo que contamina al hombre no es lo que entra desde fuera sino lo que sale del corazón, como "impuros" pensamientos (reproducidos con palabras), pues lo que viene de fuera no se mete en el corazón ni se queda en él, sino que se mete por la boca, llega al vientre y vuelve a salir por el ano ("orificio evacuador de los excrementos de la comida"). Marcos cuenta (6, 3:4) que los fariseos y todos los judíos seguían la tradición de sus mayores y  acostumbraban a lavarse cuidadosamente las manos antes de comer, pues temían que la "impureza" que tuvieran las manos manchara su supuesta "pureza" interior, o tenían otras costumbres como lavar copas (o vasos) y platos. En el rito de la misa católica los sacerdotes lavan vaso y plato (copa y pátena) después de la eucaristía, y con la suficiente meticulosidad y cuidado que de ahí haya salido la expresión "dejar como una pátena". El propio Jesús (en Mateo 23,25) se lo dice a los maestros y fariseos llamándoles hipócritas: "Ay de vosotros...que limpiás por fuera el vaso y el plato pero por dentro están [estáis] llenos de rapiña y de maldad".

Una interpretación de esas ideas de Jesús es que van destinadas a las personas (jefes religiosos o no) que sienten una impureza en el interior y tal sentimiento lo reflejan en el acto de lavar (des-infectar o "purificar") las manos antes de comer, lo cual no libera de lo que crean que "mancha" su sentimiento, ni tampoco evita que la comida (o los cubiertos) pueda estar en "malas" condiciones aunque se hayan lavado las manos. Por otro lado, modernamente se cree que "tener limpias" las manos depende de aplicarse un des-infectante como es el jabón, por considerar que el agua por sí sola no des-infecta.

Más allá de juicios y prejuicios morales e inmorales, legales o ilegales, lavarse las manos antes de comer (o en cualquier momento) es un impulso natural que forma parte del aseo, como puede hacer cualquier animal salvaje.

La única "impureza" es la que uno mismo piensa y cree real, y sin que el hecho de "pensar" sea impuro... ni puro.

Yavé/Dios/Jehová y Jesús: dos opiniones diferentes

YAVÉ/JEHOVÁ Y JESÚS: DOS OPINIONES DIFERENTES

Según la persona autora del libro del Génesis, en el capítulo 12 versículo 3, cuando Yavé/Jehová/Dios entra por primera vez en contacto con Abrán/Abrahán, le dice:
"Yo bendeciré a los que te bendigan y maldeciré a quienes te maldigan".

Unos 3000 años después, el evangelista Lucas (en 6,28) escribiría que Jesús decía:
"Bendecid a los que os maldicen".

O Mateo (en 5,43) contaría que Jesús decía:
"Sabéis que se dijo: amarás a tu prójimo y odiarás a tu enemigo. Pero yo os digo: amad a vuestros enemigos".

Igualmente Yavé establece la ley del Talión (Éxodo 20,23 o Deut 19,21) del ojo por ojo y diente por diente, y Jesús (en Mateo 5,38) hace referencia al precepto de Yavé de la siguiente forma:
"Habéis oído que se dijo: ojo por ojo y diente por diente. Pero yo os digo que no os resistáis al malo. Al contrario, al que te abofetee en la mejilla derecha preséntale también la otra".

martes, 3 de mayo de 2011

CAIFÁS y su idea de que "Cristo murió por el pueblo"

Caifás era el sumo sacerdote durante el tiempo que Jesús anduvo por Jerusalén. Caifás era saduceo, y los saduceos eran descendientes de Sadoc, descendiente de Leví, uno de los 12 hijos de Jacob/Israel, y la de Leví era la tribu de sacerdotes dedicados al culto de Yavé/Jehová. Los saduceos no creían en la resurrección de los muertos, y por eso reaccionaron contra Jesús cuando Jesús resucitó a Lázaro. El evangelista Juan cuenta que Jesús sabía todo lo que iba a sucederle (10:14) así como también Mateo (26:56) y Marcos (14:49). De hecho el propio Juan recurre varias veces a la fórmula de "Para que se cumpliera la escritura" (en 18:32, 19:24, 19:28 y 19:36). Según Lucas, las mujeres que habían acompañado a Jesús desde Galilea y vieron el sepulcro donde lo sepultaron, se encontraron con dos varones con vestidos deslumbrantes que les dijeron: "Recordad lo que os dijo estando aún  en Galilea, que el hijo del hombre debía ser entregado en manos de los pecadores, ser crucificado y resucitar al tercer día" (Lc 24). También, después de la resurrección, Jesús se encuentra en el camino a Emaús (a 13 kms de Jerusalén) con dos discípulos entristecidos por la muerte de Jesús y a los que, sin saber ellos quién era él, les dice "¿no era necesario que Cristo sufriera todo eso para entrar en su gloria?" (Lc 24:26). Al volver a Jerusalén se aparece a sus discípulos y les dice que era necesario que se cumpliera todo lo que estaba escrito acerca de él, que tenía que sufrir y resucitar de entre los muertos al tercer día (24:44-46). Lo que para Jesús fue necesario, para sus "seguidores" fue indeseable y dramático. Caifás sólo fue uno de los personajes de la cadena de acontecimientos que hizo que Jesús cumpliera su destino.

Cuando los sumos sacerdotes se enteraron de que Jesús había resucitado a Lázaro (capítulo 11) se reunieron en consejo (11:47). Los sacerdotes argumentaron que si dejaban actuar a Jesús la gente creería en él, llegarían los romanos y destruirían su templo y su nación (11:48). Caifás, basándose en esa suposición (excusa), decidió que les convenía que muriese un sólo hombre por el pueblo antes que pereciese la nación (11:50). Por el pueblo... para que el pueblo (judío) no se quedase sin nación. Así, Caifás profetizó que Jesús debía morir en lugar de la nación, y no sólo por la nación, sino para reunir a los hijos de Dios (11:52, 18:14). Esta idea de Caifás de que Jesús murió por el pueblo se mantendría entre el pueblo durante 2000 años en el futuro: la idea cristiana de que "Cristo murió por nosotros" (por el pueblo cristiano) aunque la intención de Caifás fue que muriera "por" el pueblo judío, la nación y el templo. Según Mateo (26:66), los sacerdotes lo declaran reo de muerte, y según Juan (11:53) desde aquel momento decidieron matarlo. Jesús sabía todo lo que iba a sucederle (10:14). Y como los sacerdotes no tenían poder político para ejecutar sentencias, necesitaban la intervención del gobernador. Los sacerdotes y los judíos enviaron a Jesús al palacio del gobernador. Éste les dice que lo juzguen con sus propias leyes, pero los judíos le responden que su ley no les permite condenar a muerte a nadie (18:31), aunque los sumos sacerdotes le habían sentenciado ya como reo de muerte (Mateo 26:66, Juan 11:53). Un discípulo de Jesús entra con él en el palacio del gobernador mientras Pedro se queda fuera con la portera (una criada, según Lucas). Ese discípulo era conocido del sumo sacerdote, y quizá fuera el testigo de la conversación entre el gobernador (Pilato) y Jesús. El gobernador le pregunta si es él es el rey de los judíos (18:33) pues su pueblo y los sumos sacerdotes le ha entregado a él, pero Jesús le responde que su reino no es de este mundo y que si fuera de este mundo sus súbditos lucharían para que no fuera entregado a los judíos, y le dice que él es rey. Antes, la portera le preguntaba a Pedro si él conocía a Jesús, y Pedro declaraba su primera negación, luego la segunda y luego la tercera. Según Lucas (capítulo 23), Pilato se aseguró de que Jesús era galileo y por ello era el asunto era de la jurisdicción de Herodes, de modo que lo envió a Herodes con quien estaban los sumos sacerdotes y maestros de la ley que acusaban duramente a Jesús, y a su vez Herodes se lo devolvió a Pilato. Éste convocó a los sumos sacerdotes, a las autoridades y al pueblo (Lucas 23:13). Pilato también hace tres declaraciones a los sacerdotes de que no ve culpa alguna en Jesús (Juan 18:38, 19:4, 19:6). Los sumos sacerdotes gritaron que lo crucificase (19:6). Según Mateo (27:19-20) la mujer de Pilato le dijo que no resolviera nada contra ese justo porque ella había sufrido en sueños por causa de él, y los sumos sacerdotes y los ancianos convencieron a la gente que pidieran la muerte de Jesús. Pilato aún buscaba la manera de dejarlo en libertad (Lucas 23:20, Juan 19:12) y los judíos le presionaron diciéndole que se haría enemigo del césar si dejaba a Jesús en libertad pues todo el que se hacía rey estaba en contra del césar.

El humano, la persona, Pilato, se ve en el dilema de elegir entre su deseo humano -liberar a Jesús- o cumplir con su deber como profesional, político, hacer lo pública y políticamente (y religiosamente) correcto: no enemistarse con su jefe, el césar, ni con la autoridad religiosa. Los judíos también piden que lo crucifique (19:15) y los sacerdotes le dicen que no tienen más rey que el césar (19:15), no el Mesías, pues de hecho no creían que Jesús lo fuera, o sí pero no les interesaba aceptarlo por no abandonar su poder. Mateo (27:24) es el que cuenta que Pilato, al ver que no podía conseguir nada sino que aumentaba el alboroto, se lavó las manos declarando ser inocente de la sangre de Jesús. Un gesto de sinceridad, pues quien deseaba la muerte de Jesús eran los sacerdotes y los judíos. Y el pueblo (el judío, no el cristiano, pues éste aún no existía) sí se hizo responsable diciendo: "Que su sangre caiga sobre nosotros y sobre nuestros hijos" (Mateo 27:25). Por fin, el gobernador entrega a Jesús a los sacerdotes y a los judíos, de modo que los sumos sacerdotes lograron su deseo: que los judíos siguieran siendo su pueblo y su sustento engañados con la excusa de que Jesús había "dado su vida"(muerto) por la vida de ellos (pueblo) y de su nación, por haberla "salvado" de una destrucción por parte de los romanos (Juan  11:48). Según Lucas, después de la resurrección, Jesús se encuentra en el camino a Emaús con dos discípulos a los que, sin saber ellos quién era él, les dice "¿no era necesario que Cristo sufriera todo eso para entrar en su gloria?" (Lc 24:26).  Muerte y resurrección que Jesús decía que sabía que le iba a ocurrir, de modo que en la perspectiva de Jesús no ocurrió nada "incorrecto" dentro de lo él "sabía" de su destino. Y en la perspectiva de los sumos sacerdotes, estos también lograron su objetivo y deseo: quitarse de enmedio a Jesús. En cuanto a los judíos, no encontraron lo que esperaban, pues ellos esperaban al Mesías, aunque en esto intevinieron también los sumos sacerdotes (tal como cuenta Mateo en 28:11-15) al sobornar a los guardias del sepulcro diciéndoles que hicieran correr el rumor de que Jesús no había resucitado sino que los discípulos fueron de noche y robaron el cuerpo mientras ellos dormían. Pero de haberse dormido no podían haber visto a los discípulos.

Jesús murió por decisión de los sacerdotes, no por amor a ningún pueblo (ni el entonces "pueblo judío" ni el futuro "pueblo cristiano" que aún no existía) ni por "salvarle". Según Mateo 26:4 y Lucas 22:2, la razón de los sacerdotes fue que necesitaban  quitárselo de enmedio. Ellos y Caifás y los judíos (en fin, todos los personajes) eran las partes necesarias en la cadena de acontecimientos que hizo que Jesús cumpliera su destino.

Según Lucas, después de la resurrección, Jesús se encuentra en el camino a Emaús (a 13 kms de Jerusalén) con dos discípulos entristecidos por la muerte de Jesucristo y a los que, sin saber ellos quién era él, les dice "¿no era necesario que Cristo sufriera todo eso para entrar en su gloria?" (Lc 24:26). Al volver a Jerusalén se aparece a sus discípulos y les dice que era necesario que se cumpliera todo lo que estaba escrito acerca de él, que tenía que sufrir y resucitar de entre los muertos al tercer día (24:44-46). Esto sugiere la idea de que un guión ya estaba escrito y lo que Jesús estaba viviendo era una película ya rodada y en la que él volvía a intervenir y de la cual sólo él sabía, y sabía qué iba a suceder, así que sabría que no podía evitar que "el guión" se cumpliese: la demostración del temor del poder religioso ante una persona que dice y hace ignorando cualquier "autoridad" religiosa y conversando con los sacerdotes y fariseos cara a cara y sin tapujos (incluso con palabras que les ofenden) y describiéndolos por costumbres y detalles conservadas hasta la modernidad, como cuenta Mateo en el capítulo 23 o Lucas en el 11:37-54. No era Jesús el verdadero peligro para la estabilidad del poder sino lo que decía y hacía (palabras y actos, llamados "milagros") y Jesús lo sabía y sabía que no podía evitar tampoco las consecuencias futuras (los 2000 siguiente años) desde la intervención de los sumos sacerdotes tratando de conservar y perpetuar su poder. Y en cuanto a los "milagros", Juan dice que Jesús no se fiaba de los que decían que creían en él por ver dichos milagros (Juan 2:23-24). La muerte de Jesús no fue por amor de Jesús al pueblo (ni el entonces "pueblo judío" ni el futuro "pueblo cristiano" que aún no existía) ni por "salvarle" sino porque los sacerdotes necesitaban quitárselo de enmedio (Mateo 26:4, Lucas 22:2) y la excusa necesaria e imaginaria fue que si Jesús seguía actuando los romanos podían llegar y destruir el templo y la nación. Así que la idea de que "Jesús muriera para salvar al pueblo" fue del sumo sacerdote Caifás, el personaje que decidió que les convenía que muriera un hombre por el pueblo antes que el Pueblo de Yavé (la nación judía) al que, permaneciendo "vivo", le esperaba el destino que tendría durante 2000 años más en los que surgió otro "Pueblo de Yavé": los cristianos/católicos, el siguiente "Pueblo de Dios" que adoptaría a Jesús como héroe y mártir (Dios) considerando a los judíos (no a los sacerdotes) responsables de su muerte aunque no "provocadores" necesarios de su muerte, pues para resucitar es necesario morir. Lo que para Jesús era necesario, para sus "seguidores" era indeseable y dramático por no comprenderlo al no tener la suficiente percepción de la realidad. Sacerdotes, Caifás, judíos... personajes necesarios en la cadena de acontecimientos que hicieron que se cumpliera lo que estaba escrito de Jesús, según las Escrituras.

sábado, 9 de abril de 2011

Según el autor del libro del Génesis (capítulo 42), en tiempos de Jacob (Israel) había hambre en la región de Canaán. Si los hebreos pasaban entonces hambre era porque ni Yavé alimentaba a su pueblo, ni su pueblo se alimentaba de Yavé, de modo que Jacob/Israel decidió enviar a 11 de sus hijos a comprar grano en Egipto. Por entonces, José vivía prósperamente en Egipto con el favor del Faraón. José era uno de los hijos de Jacob, al que sus hermanos habían vendido a los ismaelitas madianitas (Gén. 37:27) que a su vez en Egipto lo vendieron al egipcio Putifar, eunuco del Faraón (Gén. 38:1). El Faraón propone a José que traiga a Egipto a su padre y a los hebreos y les promete darles lo mejor de la tierra de Egipto (Gén. 45:17-18). El propio Yavé le dice a Jacob que no tema bajar a Egipto pues hará de su descendencia un gran pueblo (Gén 46:1-2), así que Jacob emigró a Egipto. José dio propiedades a su padre y hermanos, pero el hambre se había extendido también a Egipto y se acabó el dinero. Entonces José y los egipcios y hebreos tuvieron que negociar: José les daría alimentos a cambio de ganados y tierras, y al quedarse sin tierras los hebreos declararon hacerse esclavos del Faraón (Gén 47). Es entonces cuando Yavé/Dios/Jehová entra en contacto con Moisés en el monte del Horeb (Éxodo 3), en Madián (en Arabia, al otro lado de la Península del Sinaí y del Mar Rojo. Moisés había huido de Egipto por matar a un egipcio). Yavé le propone que vaya a Egipto para liberar a su pueblo (los israelitas, Israel) y le dice que le comunique el Faraón que Israel es su hijo primogénito (Éxodo 4:22) y que amenace al Faraón con que, si no deja salir a Israel, él (Yavé) matará a su hijo primogénito, lo cual Yavé cumpliría (Éxodo 12:29).

El pueblo de Yavé tuvo que hacerse esclavo para poder sobrevivir. Yavé no podía mantenerles ni salvarles, y ellos no podían alimentarse de su Dios que les prometió la tierra prometida. También el Faraón le prometió a Jacob/Israel darles lo mejor de la tierra de Egipto (Gén. 45:17-18) a la que llegarían 470 años después, el tiempo del cautiverio (430 años) y de la travesía por el desierto de Sinaí (40 años), una tierra prometida que estaba en una pequeña región de un planeta que flotaba en el vacío sin suelo ni techo del Espacio del Universo.